.

.

martes, 20 de abril de 2010

EL TÍO LA VARA

No voy a entrar en si El Tío la Vara es uno de los grandes hitos en la historia de la Televisión Española (que lo es), no, hoy voy a hablar de otros tíos (y tías) de la vara, bastante más viejunos, tanto, que se remontan a la época de la Revolución Industrial y que sobrevivieron en la pérfida Albión hasta principios del siglo XX.


Estaba clarísimo que si Juntas una vara larga (de bambú principalmente) y una propinilla de un penique sólo podía salir una cosa, los KNOCKER-UP (también conocidos como Knocker-upper).

Y no creáis, os conozco, y sé que preguntas os acaban de venir a la cabeza ¿que cojones es eso? o ¿quienes coño son esos? y la más importante, ¿a nosotros que hostias nos importa?, como no podía ser de otra forma, inteligentes preguntas que trataré de responder: no lo sé, ni idea y nada.

Pero como habemos venio paprender sus lo voy a de explicar lo mejor que pueda u sepa.




Los ingleses siempre han sido un poquito especiales, que si pasamos del sistema métrico, que si conducimos por donde nos sale de los mismísimos güebos, que si construimos el eurotúnel para que el continente deje de estar aislado... lo que viene a ser que su cerebro está a la altura de su gastronomía. Pero al César lo que es del César, nos dieron la revolución industrial, las tetas de Samantha Fox (aunque he de decir que a mi nunca me gustó, hay una regla matemática que no falla, teta que mano no cubre no es teta es ubre) y los despertadores humanos.

La vida en las fábricas era bastante penosa aunque lo más duro y jodido era madrugar, había numerosos personajes que, o bien no oían o pasaban como de comer mierda de su despertador, así que, de los vicios de unos y las necesidades de otros, surgió una profesión que se encargaba de ir despertando a estos curritos dándoles con la vara en la ventana, y como buenos profesionales que eran, no se marchaban hasta que se cercioraban que sus clientes se habían levantado. La vara, más o menos medía unos 14 pies (lo podía haber mirado pero no lo hecho, así que no tengo ni puta idea de su equivalencia en metros, pero casi seguro que oscila ente los 2 y 250 metros).

Y este servicio personalizado costaba tan sólo un centavo por despertamiento.



Los knocker-up solían realizar una media de 50 servicios diarios, tras la dura jornada laboral se iban a dormir hasta que se ponía el sol, se levantaban, se iban de pintas y de puntas, perdón, de putas, hasta que llegaba la hora de dar por el culo un poquito a los sufridos trabajadores.

No obstante no penséis que cualquiera podía dedicarse a tan noble tarea, en esto nuestros amigos ingleses volvieron a ser pioneros y se adelantaron a las diferentes pasarelas de moda al especificar como básico cumplir unos requisitos minimos de indice de masa corporal, si bien con algunas matizaciones.








Todos sabemos que para pasear trapos en un desfile hay que cumplir 4 requisitos:
  1. tener una neurona más que los caballos (para no cagarse durante el desfile)
  2. tener un índice de masa corporal "buckler" (para entendernos, 0,0)
  3. tener que pasar dos veces por el mismo sitio para hacer sombra
  4. tener una cintura más estrecha que la radiografía de un silbido

Pues bien, nada de esto era necesario, buscaban algo más que espantajos disfrazados, el único requisito (conditio sine qua non... es evidente que esto lo he puesto para que se sepa que el inglés no tiene misterios para mí) imprescindible era tener un índice de masa corporal cercano a las 3 cifras para hacer frente al frío mañanero y la ingesta desmedida de alcohol para aguantarlo.

A esta tarea se dedicaron tanto hombres como mujeres, entre los gañanes proliferaban los que estaban demasiado perjudicados para las duras condiciones de trabajo de minas de carbón, fábricas o canteras e incluso numerosos policías para sacarse un sobresueldo, al fin y al cabo ya que estaban en la calle pateándola no les suponía ningún esfuerzo extra. Entre las bellas inglesas que ejercían tan exótica profesión solían destacar, sobre todo, abuelitas cebolletas, principalmente por su mala hostia ya que garantizaban que el cliente se despertaba (salvo que quisiese comprobar en sus costillas su ira), aunque un punto importante a favor era la posibilidad de ayudar a su maltrecha economía familiar.

A pesar de la singularidad de la profesión, pocas referencias tenemos de ellos, aunque cabe destacar una en la imprescindible Grandes Esperanzas de Charles Dickens o en la película Hindle, basada en la obra homónima escrita por Stanley Houghton y que dirigió Maurice Elvey.

Y así amigos acaba la historia de cómo me curro los post.

(con ésta yo no me levanto, directamente no me acuesto para que no venga)


adenda - como os habréis dado cuenta la canción de ayer no aportaba pista alguna para la resolución del enigma, os dije "a lo mejor".

20 comentarios:

  1. Oye, Isra, en la ciudad comlutense o en sus alrededores hay algún tipo de atención psiquiaátrica?

    No lo digo con segundas ni con malas intenciones. Es porque tengo constatado que cuando se empieza a hablar solo y además se contesta uno a sí mismo, es porque algo neuronal o algún alambre cerebélico está necesitado de ser aspergiado con "Tres en Uno" o producto similar.

    Convendría que cogieras un listín telefónico y miraras dónde te pueden hacer un chequeo, por si acaso. Ya sabes, eres joven pero entrando en edad madura y suele ser cuando comienzan a fallar las cervicales, los fotones memoriales y los protones racionales.

    ResponderEliminar
  2. Isra, ahora que no nos oye nadie, qué coños compras cuando vas al estanco? Con qué endulzas el café?
    Esas pastillas que guardas con tanto celo, seguro que son aspirinas? Qué inhalas cuando tienes congestionada la nariz?
    No te preocupes, seré discreto.
    Otra vez más me dejas boquiabierto y cariacontecido.

    ResponderEliminar
  3. qué cabrones, más de uno les vaciaría la bacinilla encima y desde luego se lo merecían...y no me hable del Tío de la Vara, que encima de lo mal que anda el patio nos dejan sin él y tengo un disgusto de órdago, nos van a crujir vivos...

    ResponderEliminar
  4. Pues no había caído yo en eso Maribeluca, y ya puestos en lugar de lanzársela no estaría de más dársela a comer, que a esas horas apetece un buen desayuno.

    Comparto el dolor por la pérdida ocasionada, el Tío la Vara es tan necesario en estos tiempos...

    ResponderEliminar
  5. Tella, Aspirante, el conocimiento enciclopédico debe abarcar el mayor número de materias, y ahí es donde llega mi blog, a cubrir las posibles carencias que en materias innecesarias tengan vuesas mercedes.

    Quizás ahora no sepáis valorarlo en sus justa medida pero cuando en medio de una conversación podáis enchufar el tema de los knocker-up reconoceréis mi callada labor.

    Reciban un cordial saludo.

    ResponderEliminar
  6. Reconocida es tu obra universalmente, y tu abnegada labor será recompensada en su justa medida el día del juicio final, que yo he tratado de colar este tema en mis conversaciones matutinas y he tenido que correr al dentista.

    ResponderEliminar
  7. No se preocupe Aspirante, la mayor de las veces no nos merecemos nuestros interlocutores, por eso hemos de darle gracias al señor el poder disponer de nuestros blogs, donde nuestras virtudes son ampliamente reconocidas por un público sobradamente preparado.

    ResponderEliminar
  8. me ha alegrado su visita en mi sitio vecino, espero verle a menudo

    ResponderEliminar
  9. No te quepa la menor duda Maribeluca

    ResponderEliminar
  10. ¿Y los Nocker-uppers esos de barriga cervecera y gonorrea cuando iban mamados, osea siempre, acuantas ventanas tocaban antes de acertar con la correcta?. Seguramente después de joder a todos los vecinos decían: "esta ronda la pago yo". Admirable la flema británica si seguían vivos para contarlo.

    ResponderEliminar
  11. GRAN ISRA

    Dado que nos quieres convertir en animales con cerebro similar al de la albondiga Iglesias, te propongo jeroglífico y solución, todo de una vez.

    EL PROBLEMA DE LOS DOS SOBRES

    El problema de los dos sobres, uno de esos maquiavélicos inventos que los matemáticos y filósofos utilizan para torturamos, es el siguiente: nos dan a elegir entre dos sobres con dinero, diciéndonos que uno tiene el doble de dinero que el otro. Una vez que elegimos uno, nos dan la opción de cambiarlo por el otro.

    ¿Qué debemos hacer para obtener la mayor ganancia posible? ¿Es más conveniente quedarse con el sobre elegido en primer lugar o, por el contrario, conviene más hacer el cambio?
    Eso es lo que trataremos de determinar.
    Supongamos que la cantidad de dinero que hay en el sobre que elegimos primero es A. Eso significa que el otro sobre tiene una probabilidad del 50% de poseer el doble de ese monto (2A) y el 50% de tener la mitad (A/2).

    Como ambas situaciones son igualmente probables, la “esperanza matemática” de la cantidad que contiene la otra caja es 0,5*2A + 0,5*A/2 = 1,25A

    Es decir, si cambiamos de sobre, obtenemos un 25% de ganancia. ¿Estupendo, verdad? Pero antes de que salgas corriendo a cambiar el sobre, deberías pensar un poco.

    En efecto, el razonamiento anterior puede hacerse exactamente igual si hubieses elegido el otro sobre, por lo que quizás cambiarlo no sea tan buena idea después de todo.
    Pero, ¿dónde está el fallo?
    Veamos un ejemplo concreto. Supongamos que en el sobre elegido hay 1.000 euros. Eso significa que es igualmente probable que en el otro haya 500 o 2.000 euros. Por lo tanto, si cambio el sobre elegido por el otro, o bien pierdo 500 o bien gano 1.000.

    Puesto que lo que puedo ganar es mayor (el doble, de hecho) de lo que puedo perder, no hay dudas de que me conviene cambiar el sobre elegido por el otro.

    Pero la paradoja estriba en que el mismo argumento se puede aplicar al otro sobre. O peor aún: una vez cambiado el sobre, podría utilizar una y otra vez este argumento para seguir cambiando los sobres indefinidamente.

    ¿Cómo es posible que en ambos casos pueda ganar más de lo que pierdo si cambio el sobre?

    No hay ventajas.
    En realidad, el fallo se produce al pensar que el monto que ganarás, si ganas, es mayor que el monto que perderás, si pierdes. En realidad, lo que ganas o pierdes es lo mismo. Si A es la cantidad de euros que contiene el sobre elegido en primer lugar y el otro tiene o 2A o A/2 euros, podemos llamar B a la diferencia de los importes en los dos sobres o, lo que es lo mismo, B es el menor de los dos montos, o -mejor aún- B = A. Si ganas en el intercambio (cambiando un sobre con A euros por uno con 2A euros) ganarás A euros.
    ¿Correcto? Y si pierdes en el intercambio (cambiando un sobre con 2A euros por uno que solo tiene A euros) estarás perdiendo A euros.

    Esto significa que el monto que puedes ganar o perder es el mismo y que no hay alguna ventaja en cambiar el sobre. Dado que la probabilidad de hallar el monto mayor es la misma si cambias o no el sobre, la paradoja desaparece.

    Esto significa que si alguien te ofrece un sobre con dinero, tranquilamente puedes tomarlo y marcharte sin esperar a que te ofrezcan cambiarlo por otro: la probabilidad de que ganes o pierdas en el intercambio son las mismas.

    ResponderEliminar
  12. Los knocker up habrán desaparecido pero había unas mucamas en el hotel de Maidenhead que despertaban a las 6 de la madrugada entrando en la habitación al son de: "Early morning tea!"

    ResponderEliminar
  13. Interesante apreciación Dams, no se ha calculado el número de fallidos intentos, aunque me imagino que incrementarían ostensiblemente las posibilidades de morir del knocker-up (o tocagüebos en castizo).

    ResponderEliminar
  14. Joder Tella, te has quedado a gusto eh... interesante planteamiento ético-económico. Ya sabes que la gente es de tendencia avariciosa, yo cogería el primer sobre y me iría tan contento, al fin y al cabo gano seguro ya que no tenía nada antes de ese sobre.

    Salvo que, como te digo, al disponer de dinero en el primer sobre me venga arriba, empiece a plantearme las cuestiones desde un punto de vista empresarial y peinse en el sobre que dejo de coger como lucro cesante con lo cual empezarían mis problemas.

    Solución, que me manden el dinero a casa y yo me lo gasto en pinchos en San Sebastian (estoy a ver si hacemos un hueco este verano para pasar un finde y ponernos como el kiko a pinchitos)

    ResponderEliminar
  15. Bwana, no deja Vd. de sorprenderme con su toque exótico a la par que "chic".

    Esas mujers a esas horas, en un dormitorio... me imagino que bollería fina podrían ofrecerme en esas circunstancias y se me hace la boca agua.

    ResponderEliminar
  16. Te habrás dado cuenta que me equivoqué y comenté dónde no debiere de hacerlo..., el despiste es una cualidad que me define, amigo "Isra".


    ...y pues si hoy toca abrazo y besazo, encantada de recibirlos y de recompensarte con otros!.

    ResponderEliminar
  17. De verdad, ahora sí que puedo decir a ciencia cierta que sí que el mundo se termina. ¿Quién esta peor? Pues yo no lo se la verdad. No me vengas con inventos que al Tío La Vara lo invento José Motá y tiene de alumno aventajado a mi hijo.

    Además bastante tenemos ya con la nueva invasión de los british, como para darles este invento. Si se presenta la paisana esa debajo de mi ventana, hago lo que Charlton Heston, saco de Winchester o la de perdigones y que empiece a correr.

    Me voy a ver a al padre del psicoanálisis (ZP "presupuesto") que me has vuelto del revés.

    ResponderEliminar
  18. Me alegra comprobar Javier que lo primero quew aprenden los niños son las cosas buenas (mientras no recibas esos varazos tú).

    En cuanto a lo de ver a ZP para que te ayude, me temo que no, estará ayudando a su mujercita, no es feliz en la Moncloa, es tan pequeñito ese apartamento para una diva de la ópera...

    ResponderEliminar
  19. Mamuma, gran invento vive dios, con la protección adecuada ir a dar por culo a las 6 de la mañana y que encima te paguen...

    ResponderEliminar