.

.

miércoles, 25 de junio de 2014

TREINTAAVOGÉSIMO... O ALGO ASÍN (NO ME SE ENTRA EN LA CABEZA)

Lo más curioso es que yo jamás utilizaría una palabra así, no la conozco, la uso porque me lo han contado, las únicas que conozco con el prepucio TRI son las de trigonometría (se me daba de maravilla esta asignatura en el insti, aunque a día de hoy no sé de qué iba), tridente (por un abuelete de mi barrio que no tenía pasta para una buena ortodoncia) y, sobre todo, trípode, que es como me llamaban en el barrio, me imagino debido a que me gustaba mucho la fotografía y recurría a ese artilugio para dar algo de estabilidad a las fotos.

¡Que bonita historia! ¿pero a cuento de qué cojones viene eso del triunvirato?, perdón, del trigémino, perdón, del trigésimo, pues muy sencillo, porque hoy se cumplen nada más y nada menos que 30 años de la celebración de consejo Europeo de Fontainebleau (25 y 26 de junio de 1984), desde mi modesto punto de vista casi tan importante como el del 92 de Edimburgo, donde se ponían los cimientos de unos años gloriosos para el proceso de integración de la UE y donde demostraría todo el músculo del que, una máquina europea bien engrasada, podría hacer gala, en todos los aspectos. Unos años de gloria con un personaje a reivindicar a la cabeza de todo ello, Jacques Delors.

Pero no nos equivoquemos, el camino hasta entonces no había sido nada fácil, al principio sobre todo porque, tanto desde fuera como desde dentro, sufría envites constantes que pretendían no tanto acabar con su existencia como provocar su debilitamiento. El enemigo en casa era Francia, la prepotente Francia, que utilizaba la CEE para mantener su perdida grandeur, y desde fuera, el principal factor de desestabilización era GB, los días pares creaba una competencia directa para la CEE que frenase su expansionismo con la EFTA, lo días impares intentaba entrar como miembro para dinamitarlo todo desde dentro.

Y ahí tenemos enfrentados a los dos, enfrentamiento en el que curiosamente salió ganado la CEE gracias a uno de sus mayores frenos, De Gaulle, quien puso los cojones en la mesa y dijo a GB que la diesen por el culo, que como mucho iba a sacar de la CEE un acuerdo de Asociación y que se olvidase de su ingreso. Evidentemente esto cabreó a sus socios que siempre habían querido tener dentro a los británicos para controlarlos mejor, y por qué no decirlo, por filias seculares como en el caso de Neerlandeses.

Pero antes pongámonos un poco en antecedentes con eso de los Consejos Europeos (Cumbres de los Jefes de Estado y de Gobierno de lo países miembros), y no confundir ni con el Consejo de Europa y con el Consejo de la UE.

A pesar de que el nombre indique una cosa lo cierto es que en la práctica está formado especialmente por los Jefes de Gobierno, rara vez están presentes las dos figuras (salvo en casos concretos como Francia y Finlandia, ya que suelen asistir el Jefe de Gobierno y el Jefe de Estado).

Tenemos que remontarnos al lejano 1961 cuando a iniciativa de De Gaulle surge la idea de dar un nuevo impulso a las Comunidades mediante cumbres ocasionales. La primera tuvo lugar en París, en febrero de 1961 donde se fijaron las bases para ese futuro Consejo Europeo. En la siguiente celebrada en Bonn, también en 1961, se decidió acotar esa colaboración a la unión política, creándose para ello una comisión intergubernamental. Y así seguimos hasta 1973 (cumbre celebrada en Copenaghe) fecha en que con motivo de la crisis se retrasó todo el proceso de integración.

Finalmente los Jefes de Estado y de Gobierno, a propuesta de Valery Giscard d'Estaing y Helmut Schmidt, decidieron institucionalizar esa reuniones informales, pasando a celebrarse dos anuales (o tantas como fuesen necesarias). Esta decisión se adoptó por los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos en una conferencia en París los días 9 y 10 de noviembre de 1974. El primer Consejo Europeo como tal se celebró en Dublín en marzo de 1975

Tendremos que esperar hasta el AUE, concretamente en su Art. 2, para que se le mencione por primera vez en los tratados, si bien eso no lo convirtió en una Institución comunitaria, aunque el Art.4 del posterior TUE define su principal tarea: “... dará a la Unión los impulsos necesarios para su desarrollo y definirá sus orientaciones políticas generales...” considerándolo como un órgano comunitario, al que dota de funciones específicas en temas relevantes a la PESC y la UEM. Será con la Constitución Europea cuando adquiera rango de Institución Europea, no sólo por lo expresamente regulado en el Art I.19 de dicha Constitución sino porque en el Capítulo I (Marco Institucional) del Titulo IV lo incluye en el mismo.

¿Y por qué podemos considerar un éxito este Consejo y un punto de inflexión? 

En primer lugar porque se encontró solución a uno de lo mayores problemas que tenían y que lastraba el resto de políticas, el cheque británico. Es cierto que el RU pagaba bastante más de lo que le correspondería y no recibía tantas ayudas por parte dela CEE. La mayor parte del gasto venía vía PAC (75%) y la agricultura británica no tenía peso ninguno (su sector agrícola en términos de PIB era muy pequeño) y no olvidemos un detalle que a lo mejor sorprende un poco, por esa época, una Europa a 11, era el tercer país más pobre, por lo que el ser un contribuyente neto era muy llamativo. Esta situación molestaba mucho en la pérfida Albion, baste recordar a Maggie quitándose un zapato y golpeándolo sobre la mesa al grito de I want my money back. Y lo consiguió, recibiría el equivalente a las 2/3 partes de la diferencia entre lo que daba y recibía.

En segundo lugar supuso el embrión del AUE (Acta Única Europea) que revisaba los Tratados de Roma (CEE, EURATOM, CECA) para reactivar la integración europea y llevar a cabo la realización del mercado interior, modificando el funcionamiento de las instituciones y ampliando las competencias de la misma. Para ello, durante el Consejo, se creó un comité ad hoc compuesto por representantes personales de los jefes de estado y/o de gobierno para examinar las cuestiones institucionales. Este comité fue presidido por el senador irlandés Dooge. El informe instaba al consejo Europeo a convocar una CIG (Conferencia Inter Gubernamental) para negociar el nuevo Tratado. 

El Consejo Europeo de Milán propone finalmente la convocatoria de esa CIG, abriéndose bajo presidencia Luxemburguesa el 9 de septiembre de 1985 y clausurándose en La Haya el 28 de febrero de 1986. De este modo concluye un trabajo iniciado por el europarlamentario Alberto Spinelli, creándose en el PE una comisión parlamentaria de asuntos institucionales para elaborar un Tratado que sustituyese a las Comunidades existentes. El 14 de febrero el PE adopta el proyecto de Tratado. Se ha dicho que al encontrarse cerca de finalizar su mandato de 5 años (recordemos que las primeras elecciones al PE se produjeron en 1979 y la elección era, y es, por 5 años) los europarlamentarios gozaron de gran libertad a la hora de posicionarse a favor de esta iniciativa sin prestar demasiados oídos a posibles indicaciones nacionales.

Una tercera consecuencia derivada de este Consejo Europeo, y una de las principales características que impulsaron la integración de Europa a partir de este consejo, fueron las cooperaciones reforzadas (también llamadas políticas de círculos concéntricos, geometría variable, distintas velocidades o Europa a la carta), es decir, dentro del seno de la Unión algunos países podían decidir cooperar más estrechamente en determinadas materias creando acuerdos a los que posteriormente podrían unirse los demás estados miembros y que en un futuro podrían integrarse en el acervo comunitario, respetando de inicio el marco jurídico de la Unión.

En este Consejo se aprobó una declaración que proponía acercar la comunidad a los ciudadanos a través de la abolición de las fronteras, en base a esta declaración se reunieron en secreto Francia y Alemania cuyas negociaciones concluyeron en la firma de un acuerdo sobre abolición gradual de los controles fronterizos, el Acuerdo de Sarrebruck (concluido el 13 de julio de 1984), lo que más tarde conoceríamos como Acuerdo Schengen (firmado el 14 de junio de 1985 por Francia, Alemania y el Benelux). Vemos como en un primer momento, y nada más concluirse el acuerdo, tuvieron el visto bueno de los países del Benelux, países con experiencia en estas lides, cuyos miembros, ya en 1960, suprimieron sus fronteras interiores trasladando el control de las personas a las fronteras exteriores formando un territorio único con una política de visado común.

Ya en el Tratado de la UE se establece que para iniciar cualquier tipo de colaboración debe haber un mínimo de 9 estados miembros, sólo vinculan a los estados miembros participantes y no se incorporan al acervo, así como que debe responder a un impulso de los objetivos de la unión, proteger sus intereses y reforzar el proceso de integración. A posteriori ha sufrido nuevas modificaciones:

Ámsterdam – amplía la cooperación reforzada al ámbito judicial en materia penal

Niza (modificando el anterior) según el cual un estado miembro ya no puede impedir que se establezca una cooperación reforzada

Lisboa- establece el procedimiento de las mismas que se articula a través un solo artículo (el 20) que condensa los antiguos 40A y 40B. Según el 40A los estados miembros que quieran iniciar una cooperación reforzada dirigirán una solicitud a la Comisión, que presenta una propuesta al Consejo, éste dará la autorización por mayoría cualificada previa consulta al Parlamento Europeo. El 40B establece el modo en el que pueden adherirse posteriormente otros estados miembros, decidiendo siempre el Consejo por mayoría cualificada.

No voy a extenderme más, simplemente, y a modo de conclusión, he de reconocer que lo que en otro momento me supuso un leitmotiv (todo este proceso me ilusionó y me llevó a estudiar CC Políticas y licenciarme en dos especialidades: Ciencia de la Administración y RRII y a sacarme una oposición a la Comisión Europea) ahora se ha convertido en una una decepción, encadenando fracaso tras fracaso, aunque intenten vendernos lo contrario. En el momento en que desaparecieron de la política europea personajes como Jaques Delors, se decidió de forma alocada ampliar la Unión de golpe a 10 países miembros (con rentas muy bajas y poca tradición democrática) o se permitió la entrada de Grecia en el euro cuando todo el mundo sabía que esos datos estaban llenos de trampas y mentiras, he de decir que he perdido todo interés en algo que podría haber sido muy grande.

Al menos, para la historia, y por lo que pudo haber sido y no fue, nos quedarán los Consejos Europeos de Edimburgo y Fontainebleau.

La UE ha muerto, y aquí sólo la defenderán los que han encontrado en las sedes comunitarias un exilio de lujo a costa del contribuyente.



8 comentarios:

  1. Jodó, Isra, lo que sabes y escondes de conocimientos uropeos. Tú debieras de estar en Bruxelles dando cursos de europeismo a los eurodiputados todos.
    Hoy has dejado profunda huella en nuestras mentes con esa lección magistral de lo que podría haber sido el primer Estado mundial (la UE) y no va ya camino de nada por la mediocridad. Creo que nos han inculcado algún tipo de virus atontolineo desde Washington y Londres para que sigamos comprando "perritos calientes" en dolares.

    FELICITACIONES.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Más o menos lo podríamos resumir en eso Tella, más tonto no se puede ser y suicidarse de modo tan escandaloso se debe a que mandamos a nuestras mentes más privilegiadas a Bruselas (o le ponen algo a las hamburguesas que nos trastorna).

      Eliminar
  2. El exilio es de auténtico super-lujo y no hace falta ni saber leer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es que si sabes leer te quedas sin el chollo Mamuma, sólo hay que ver a lo que mandamos.

      Eliminar
  3. Se ha despachado Vd. a gusto con esto de la CEE. Se le echaba de menos por estos andurriales y ahora comprendo la razón. Una descripción de los hechos tan detallada y escrupulosa no se hace en una hora.
    Mi opinión sobre la Comunidad que, aunque no me la ha pedido, me tomo la libertad de expresarla en pocas palabras:
    Se trata de una jaula de grillos donde cada uno chapurrea su lenguaje diferente al de los demás y que, precisamente por ese motivo, jamás podrá ser algo parecido a unos EEUU de Europa. .

    ResponderEliminar
  4. Caray, buena lección de historia.

    Y si no se cargan el invento dejando entrar tramposos ya se encargará la colección de frikis populacheros que han designado los ciudadanos.

    ResponderEliminar
  5. Y el puto curro añado yo D.Bwana, que por estas fechas me sobra para dar y regalar. Y en eso tiene toda la razón, con la tontería de las manías nacionales no se ponen de acuerdo en una lengua "oficial" o de trabajo, de trabajo hay 3 y oficiales todas, es como lo de los miembros de la Comisión, si todos fuesen franceses tipo Delors no tendría ningún problema en aceptarlo, pero en todas partes cuecen habas con los nacionalismos y los hechos diferenciales, cosa que los padres fundadores tenían muy claro que había que superar, al fin y al cabo esa es la clave amigo Bwana.

    ResponderEliminar
  6. Esa es otra Maribel, que pasamos de la barraca de feria a la parada de los monstruos. Frikis con pasta... Dios nos coja confesados.

    ResponderEliminar